Editorial de El Socialista

La declaración, el pasado sábado 14 de marzo, del Estado de Alarma por parte del Gobierno, ha supuesto para muchos un antes y un después en la percepción que teníamos de la crisis sanitaria por infección de coronavirus. Hasta ese momento, todos creíamos que las medidas de contención que tomaban los técnicos, siempre con certezas científicas y siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, serían suficientes.

Pero no lo fueron. La aprobación del Real Decreto que ha puesto en marcha este mecanismo constitucional excepcional nos sitúa en un nuevo escenario, sin referencias históricas, en el que la crisis se agudiza enormemente. En el anuncio a la nación, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se mostró convencido de la victoria de nuestro país en esta crisis, de la victoria de todos y todas, porque “Unidos, saldremos adelante. Unidos, venceremos al virus”, dijo..

A partir de ese momento, los días se han abordado desde una complejidad desconocida para el conjunto de la población. La restricción a la libre circulación se ha redefinido como confinamiento en el propio domicilio, y todos lo hemos asumido como un hecho aceptado desde la responsabilidad, el civismo y la solidaridad.

La ciudadanía no ha dudado en mostrar diariamente su plena confianza en el sistema sanitario público y los profesionales que lo integran. Les ha hecho llegar su gratitud, desde ventanas y balcones de pueblos y ciudades, con sonoros aplausos al atardecer. Un sistema público que ha sufrido especialmente los recortes aplicados durante los años de gobierno del PP.

Luego, el anuncio del restablecimiento de las fronteras terrestres, activando el artículo 28 del control de fronteras del Tratado Schengen, nos pudo dar una falsa sensación de alejamiento de nuestros vecinos y socios europeos. Nada más lejos de la realidad. Esta medida extraordinaria aplicada con firmeza y proporcionalidad hunde sus raíces en los mismos principios por los que hemos vaciado nuestras calles. Si te proteges tú, proteges a los demás.

Y no nos engañemos, las gentes y los pueblos que articulan nuestro estado están reaccionando con admirable disciplina y responsabilidad ciudadana. Una conducta social modélica. Unos manteniéndose en sus puestos, otros guardando con celo la cuarentena. Trabajando en la distancia cuando se puede, o cumpliendo con rigor las medidas sanitarias exigidas en los casos en los que es inexcusable su presencia en el puesto de trabajo. Esta es no sólo una actitud encomiable -y mucho- sino necesaria para aplanar la curva de contagios y para poder atender a los más vulnerables.

Hemos entendido que la solución del problema está en la participación activa de todos en unión: ciudadanos, administración y partidos políticos. Fijando el foco en el objetivo único de resistir y vencer. Como repiten constantemente los responsables de la administración no es el momento de mostrar nuestras diferencias sino de actuar. Hay que seguir el camino que nos marcan los expertos y recorrerlo de forma coordinada con los actores territoriales.

Ahora con las primeras medidas económicas tomadas en el Consejo de Ministros del martes el gobierno cumplen con los tres pilares que propuso en un principio como sustentantes de la lucha contra el virus: el sanitario, el social y el económico. Y estas medidas nos sorprenden por su gigantismo, ya que supone la mayor movilización de recursos de la historia de nuestra nación poniendo 200.000 millones de euros sobre la mesa. Es la decisión de un gobierno que, con su presidente a la cabeza, está liderando la lucha y marcando el ritmo en la aplicación de medidas. Tal y como ha declarado Pedro Sánchez: “no podemos escatimar esfuerzos ni dejar a nadie atrás” y “aunque estos días están siendo duros, gracias al esfuerzo de todas y todos, estamos un día más cerca de pararlo”.

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