Palabras pronunciadas en la Biblioteca Pública Municipal con motivo de la presentación del libro ‘Catadora’ de Manuel Lara Cantizani. Lucena, 6 de febrero de 2020.

Amantes de la Cultura, de la poesía, de las letras y de la creatividad. Amantes de las artes, de la música y de lo que denomino la quinta esencia del conocimiento y el orden: La literatura, escrita en verso, en prosa, también oral; la que habla del ser humano, de su mundo interior, la que se representa a través de grabados en piedras vivas, en papel, en pentagramas y símbolos que olvidan su anacronismo para seguir siendo eso, símbolos; signos que guardan reflexiones, experiencias, ideas o impresiones afectivas que hablan del espacio y el tiempo, de lo eterno y sublime, de lo ordinario, de lo material o lo abstracto. Les hablo, también, de ese otro lenguaje, universal y transversal, que une a las personas, las culturas y las civilizaciones. Así lo venía en afirmar Paulo Coelho: Hay en el mundo un lenguaje que todos comprenden: es el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de aquello que se desea o en lo que se cree. Ése y no otro, es el lenguaje que utiliza Manuel Lara en su poemario, en su día a día, en sus citas y en sus obras, en un legado y anecdotario basto, elocuente, sincero, transparente y cautivador.

Asumo con sincero orgullo y satisfacción el reto, yo diría el atrevimiento irreflexivo, imprudente, pero sincero y emocionado, de presentarles, de compartir con ustedes, otras facetas de nuestro protagonista, un político que hace poesía de sus relaciones personales, un profesor original, atrevido en sus planteamientos, en sus pronunciamientos, en sus ideas, en su actividad docente; perfiles que hallan acomodo y sustancia en su vertiente poética, profesional y también humana; una persona, en definitiva, que suma con mayúsculas motivos para inmortalizar secuencias que definen claramente una manera de ser, de existir, de crear y de innovar.

La poesía encuentra su mejor expresión a través de la sensibilidad, que se manifiesta en cada detalle, en cada ritmo y métrica, en cada imagen, real o figurada, en cada trazo, que por simple que les pueda parecer, se magnifica, se hace inmenso, para escribir un nuevo verso que, de manera irremediable, existirá para siempre en la espesura de la memoria, eternamente impetuosa, en ocasiones atropellada y fugaz y, en otras, cargada de recuerdos que habrán de componer estrofas únicas, individuales, que por su pluralidad pudieran entenderse convergentes al límite de lo que pareciera infinito.

Manuel Lara escribe con exquisita delicadeza y emotividad a través de la innumerable diversidad de escenarios que lo habitan; lo hace, también, en circunstancias adversas que para él, lejos de un mero contratiempo, han supuesto un reto, una oportunidad para seguir creando belleza a través de la poesía; una forma ideal, brillante, de escribir y difundir la cultura. La poesía irradia luz, deja su huella y, para la ocasión, se funde, además, en intensos sabores que nacen del paladar y del apetito léxico de quien la cultiva, la poesía despierta y vivifica los sentidos; la poesía de Manolo abraza olores y colores que hablan de nostalgia, de fuerza, de reivindicación, de esfuerzo y concordia. El incienso, fiel aliado y que tantas veces ha motivado presencia en su rincón del deseo, perfuma las ideas siempre intuitivas e ingeniosas de quien les anuncio, sin temor a equivocarme o caer en altanería o presunción «un virtuoso de las letras».
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Tuve la suerte y el honor, por esa complicidad que nos complementa y define, de conocer las primeras tentativas para un poemario que finalmente se ha manifestado excepcional, historias que rinden recorrido por lugares que se ofrecen a la contemplación, que invitan a una eclosión de contrastes, para cultivar sensaciones y emociones, también para compartir experiencias. Espacios dispersos a lo largo la geografía nacional; otros, en plena naturaleza Subbética, que permiten conocernos a nosotros mismos, deleitarse y derramar efímeras miradas hacia horizontes grisáceos de atardeceres que inventan sueños imprecisos, imbuidos de un optimismo que contagia y crea formas insospechadas, caprichosas; ésos sí forman parte de los apuntes descuidados, dispersos, frescos y limpios de nuestro autor; lugares que no hallan más recorrido que el del primer examen cuando se otea titubeante la distancia añil que se esconde entre nubes crepusculares de un otoño que se resiste a perderse en la noche; recreando rincones que esconde esta tierra al sur de Córdoba que tanto añora nuestro protagonista, lugares que se ha empeñado en explorar, en rescatar, en retratar a través de la palabra, 14 latidos para otros tantos corazones en el centro de Andalucía. En eso hallamos similitudes, Manolo ama la rectitud del verbo, la perfección de cada frase, el lugar exacto de cada signo que delimite la jerarquía sintáctica; yo amo el orden y la secuenciación, la sucesión en una arquitectura numérica que, en definitiva, clasifica, ordena, la aparición de diferentes conceptos y términos matemáticos.

En tal reflexión, les presento de nuevo especial parecido, en palabras del escritor y político cubano José Martí, homólogo en tareas afines al poeta, al afirmar que “El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea”. Así es exactamente su poesía, pura y milimétrica, de 17 sílabas, dulce, suave, justa, exacta, tanto, que pareciera alcanzar la proporción áurea.

Tan diferentes y tan iguales, secreto del éxito de una relación madura y sincera. Una relación que nació para ser, para conocer y sobre todo para existir en notas de silencios de luciérnagas que también llenan de estrellas el firmamento que abriga las cumbres del alma verde de Andalucía: La Subbética cordobesa.

Lo he manifestado en ocasiones precedentes, probablemente uno de los mejores trabajos que he tenido la suerte de conocer de su producción literaria, de su capacidad creativa, siempre tan diferente, tan singular, que lo ha caracterizado a través del Régimen Interior de sus desvelos que siempre fueron místicos de parodia y contrafacta. Sinceramente, les invito a leerlo con la paz que requieren, con el espíritu que nos ilumina, en la certeza que alberga muchos motivos para seguir pensando que la poesía abraza sensaciones que no responden a cánones clásicos, preestablecidos, la poesía alcanza el infinito de los sueños, pero también la libertad de las ideas.

Manolo hace de la poesía un modelo ideal a través del cual expresar cada vivencia, cada experiencia, cada hecho de una manera sencilla y profunda, su poesía no es un proceso baladí, efímero, subyace para seguir existiendo por siempre.

Poesía, cultura y educación tres términos para un personaje que vive en los rincones de una tierra que se abre sin condiciones a la Naturaleza para generar en la paleta de sus colores, que definen su propio lenguaje, el eje transversal de muchas de sus emociones, si bien, para la ocasión habrían de inventar el rojo purpúreo, el color vino, como hilo conductor de ese crisol de colores y de olores, de formas imprecisas, de ideas y requiebros literarios que, sin duda, es “Catadora”.

Poesía, su estado natural, su ser, su experiencia de vida; Educación su profesión, el hilo conductor y nexo de unión con sus alumnos y alumnas, con las personas a las que ha sabido transmitir formación, no sólo académica, también la sensibilidad de quien siente que puede aportar algo más a su propia condición y competencia, para quien tanto ama, el pasado, el presente y el futuro de esta tierra de poetas que busca en la excelencia, en la originalidad, motivos para ser diferente, para seguir creciendo, para seguir siendo referente de culturas y civilizaciones; una ciudad turística que respira historia de piedras vivas, de rincones que sorprenden y cautivan a quienes la visitan.
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Hoy nos trae a este encuentro razones varias para seguir haciendo poesía, para la ocasión este ejemplar que tienen entre sus manos, fruto de la inspiración que despertara su interés por el paisaje, por la esencia de estos caldos en una de las muchas rutas que recorren la geografía española, macerando las primeras estrofas, como ocurre en no pocas ocasiones, en la originalidad que confiere hacerlo en pequeños trozos de papel; con una portada sugerente, ideal, que viene a reflejar su especial manera de concebir, de ver, el mundo, su mundo, la sociedad actual, el orden de las cosas. Una portada que me recuerda, permítanme la expresión, a la nariz de Cyrano de Bergerac, una nariz de sobrado atributo que habla de fortalezas y debilidades, una nariz poética que como el embudo absorbe la vida misma en cada suspiro que seduce el aire que respiran. Otro parecido, sin duda, atrevido, con quien les habla, que bien pudiera parecerles, para mi caso, un tanto superlativa, judía, tal vez de tres culturas; circunstancia que salvando las formas, de alguna manera nos identifica.

Les propongo, finalmente, una iniciativa que lleva por nombre “Catadora”, para identificar cada letra de este sugerente título con un argumentario, un motivo para sospechar que nuestro poeta de tierras y corazones verdes, es, sin lugar a equívocos, una persona que marca pausas diferentes, que define términos dispares y desproporcionados en nuestra imaginación, a todas luces limitada, vista la inmensidad del universo lingüístico que acaricia sugerentes propuestas.

Catadora encierra muchos conceptos, imperceptibles a la vista del lector. Les sugiero la siguiente combinatoria léxica que ustedes mismos podrán completar con nuevas expresiones, sin duda, más enriquecedoras. Las que vengo en declamarles no son sino una manera de detallar mi percepción, siempre particular y exclusiva y, por supuesto, transferible:

C de constancia, tenacidad, generosidad en el esfuerzo en las personas y para las personas.
A de amor, para un trío de mujeres que dan razón de ser a su existencia.
T de tigre impar de la felicidad.
Otra A de admiración y de amistad.
D de decisión, devoción y pasión por la palabra.
La O de olvido, de ocasión o de oportunidad para seguir construyendo desarrollo, cultura y bienestar.
La R habla de resistencia tenaz, de lucha y también de Red. La unión de fuerzas que permite alcanzar objetivos y proyectos.
La última A es para otra que también la encierra en su final, es para Lucena y también para Andalucía, que la lleva por partida triple. Es la A de la aventura de la lucha, de la vida, la esperanza y la poesía.

Les invito, pues, a que degusten cada palabra, cada sílaba de “Catadora”, a que la “saboreen” sin prisas, a que perciban sus aromas, como lo logran los buenos vinos, limpiando el paladar con cada sorbo; les invito al azul, al verde, al tinto, les invito a seguir creyendo que de la crisis se sale con educación, que la cultura tiene coste casi cero y que el amor no es cosa de dos. Les invito a descubrir a un poeta original y sobre todo a una gran persona.

Decididamente, Manolo es diferente.

¡Os querré siempre, os querré bestialmente!

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