Hoy es el Día de Lucena, el de Araceli. Día de emociones, de sensaciones que visten brisa de primavera nueva, para buscar en el mes de mayo intensos olores de rosas tempranas, de margaritas, de jazmines o hierbabuena, de azaleas y azucenas blancas.

Un día que vive en la fortaleza del reencuentro, de nuevas oportunidades para seguir transformando en luz de vida, la energía que se silencia y palpita en las entrañas de esta hermosa tierra.
Lucena sigue respirando, ante tanta adversidad, ante tanto dolor y tanta incertidumbre, aires de aliento, de ilusión, de fortaleza y de anhelo para construir otros e intensos momentos de una historia que, desde siglos, se ha escrito a las plantas de las cumbres de Aras; para respirar el misterio y la paz infinita que abraza cada espacio de un Santuario que seguirá, por siempre, dando cobijo a tantas oraciones y plegarias, a promesas, súplicas y rezos de gratitud eterna a nuestra Bendita Madre de Araceli; para seguir rogando por cada latido que ha construido hermosos relatos de luz, de sueños y de esperanza.
Quedan vacíos, huérfanos de su hermosa Estampa, tantos rincones que por mayo vestían, de nuevo, sus mejores galas, para seguir hablando de universos de colores que en su Día grande habrían de estallar en el cielo que envuelve esta tierra universal, abierta, solidaria y aracelitana.
Quedan rotos los corazones de miles de lucentinos y lucentinas que por unos u otros motivos forjaron expectativas hermosas para estas fiestas tan señaladas, que hablan de deseos y de ofrendas, de felicitaciones, de campanilleros que vienen a saludarla en noche de luceros y estrellas tan esperada, de Eucaristía Solemne y Procesión multitudinaria, de ilusiones que no se quiebran por una ausencia cargada de nostalgia.
No hallo palabras para expresar la desazón, la tristeza, por lo que por esperado no se alcanza; pero sí encuentro la certeza de otros muchos motivos que nos seguirán uniendo ante la desventura, el gozo o la añoranza.
Volveremos a buscar su Mirada de complicidad en el sosiego que alcanzan íntimas confesiones con Ella, de nuestros desvelos, preocupaciones, sueños y anhelos que palpitan entre proyectos innovadores y frescos; volveremos a sentir el halo de estas fiestas, volveremos a soñar tiempos bañados por la luminosidad de un mes que seguirá brillando entre vítores y alabanzas.
Lucena es diferente, lo es en sus gentes, en sus aspiraciones, en sus planes de crecimiento, en sus raíces, en sus viejos romances, en su poesía y en su brisa que cautiva y embelesa. Lucena seguirá trazando líneas y destellos para alumbrar un futuro de oportunidades, porque juntos, los lucentinos y las lucentinas, lo conseguiremos, juntos seguiremos imaginando otras iniciativas y otros cruces de caminos diversos; juntos abriremos telones a la cultura, al emprendimiento, para seguir describiendo, para seguir construyendo, escenarios de bienestar y de progreso.
Juntos, permítemelo amigo Manolo,  entraremos más adentro en la espesura de unos tiempos que, sin duda, habrán de rasgarse para ofrecer muchos motivos por los que seguir creyendo que todo, todo cuanto imaginemos, sí es posible en este universo de ideas, de apuntes para un cuaderno plural que habla de proyectos.
Y mientras, Ella, eternamente Ella, Araceli, desde el Altar del cielo, allá donde el horizonte tiñe de añil las mañanas de mayo, allá en la Ermita de la Sierra, en su Camarín, desde el que abre puertas a la escalinata de acceso al templo para divisar campos de civilizaciones milenarias, nos seguirá cubriendo con su manto, porque Ella, mejor que nadie sabe que el amor, que su Amor, es para siempre.
Feliz Día de la Madre, Feliz Día de Araceli, Patrona de Lucena y del Campo Andaluz.

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