Palabras pronunciadas en el Palacio de los Condes de Santa Ana con motivo del 75 aniversario de la liberación de Auschwitz.  Lucena, 4 de febrero de 2020.

Auschwitz, un infierno donde el horror pinta eternos paisajes de noches de primavera que de nuevo, una vez más, se advierte fría y negra, oscura, sin color ni forma; vistiendo de miedo y de angustia toda esperanza. Sin anhelos, sin ilusión… nada. El silencio, los recuerdos sesgados entre acordes de viejos violines, el olvido, la autoestima, el dulce soplo de la vida.

Setenta y cinco años después de la liberación del campo de exterminio, donde murieron más de un millón de personas, la inmensa mayoría de sus protagonistas, víctimas y verdugos, testigos directos de la masacre, han apagado la luz de su existencia, dejando testimonio de una historia, que hecha con la verdad y con la justicia del paso inexorable del tiempo, sigue viva para recordar al mundo uno de los episodios más crueles de la existencia humana. “No hace mucho. No muy lejos”, sucedió en Auschwitz (Birkneau). “No olvidaremos nuestra historia, no nos condenaremos a repetirla”. Educamos, recordamos y reivindicamos como en este sencillo y emotivo acto.

Primo Levi, escritor italiano superviviente del más atroz de los campos nazis de exterminio, decía que después de Auschwitz es imposible escribir poesía. Sin duda, se equivocaba, los versos también entienden de dolor, de emoción y de sufrimiento:

Vi a mi padre ahogándose
en los días turbulentos.
Su mano exhausta hizo un último aleteo blanco
en la distancia
y se fue.

He seguido solo
a lo largo de la orilla,
un niño todavía
de piernas consumidas y pequeñas,
que ha crecido hasta ser esto.

Y ahora soy mi padre,
y todas aquellas olas
se han roto sobre mí,
entumeciendo mi alma.

La poesía abriga el desconsuelo. La música, lenguaje universal, enaltece, dignifica.

Los judíos españoles cantaban una pieza sefardí en los campos de exterminio “Arvoles yoran por lluvia y montañas por aire” cuando los trasladaban a las cámaras de gas. Esta hermosa canción será el colofón, el broche final de este acto, interpretada magistralmente por la Asociación Cultural Coro de Cámara Elí Hoshaná “Ciudad de Lucena”, único, en su vertiente sefardí, de España, con arreglos para Coro de su Director Musical, Antonio Rodríguez.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here