Discurso del Día de Andalucía. Lucena, 28 de febrero de 2020.

Miembros de la Corporación Municipal, Ilmo. Sr. Juez Decano, Excmo. Sr. Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lucena, Inspector Jefe de la Policía Local, Inspector Jefe, Jefe de la Comisaría de Policía Lucena-Cabra, Capitán de la Guardia Civil, Cronistas Oficiales de la Ciudad, Hijo Predilecto, Sres. Presidentes de la Federación de Asociaciones de Vecinos y de la Agrupación de Cofradías y Hermandades, Hermano Mayor de la Real Archicofradía de María Stma. de Araceli, Aracelitana Mayor y Corte de Damas, Asociaciones, colectivos, asistentes todos/as a este acto; saludo también a los integrantes de la Sociedad Didáctico Musical Banda de Música de Lucena, a nuestra intérprete de signos y a Jesús Reyes que ha llevado su voz y ha puesto el alma en cada estrofa del himno andaluz.

Permítanme que inicie mi intervención con palabras de gratitud y profundo reconocimiento por la importante y necesaria labor de compromiso e implicación ciudadana, altruista y asistencial de las personas que habéis alcanzado las 100 donaciones de sangre, donando vida, salud y esperanza a cientos de personas y familias.

Admiración y consideración que hago extensiva a quienes homenajeamos en este acto con la bandera de Andalucía, habéis escrito páginas de solidaridad, de tolerancia, crecimiento y desarrollo, de transformación cultural, artística, social o empresarial que confieren singularidad a este “territorio en el corazón verde de Andalucía”.

Gracias, pues, por contribuir de una u otra forma al progreso de esta ciudad de formas barrocas y de historia milenaria. Gracias al Cuerpo de Bomberos de nuestro Parque Comarcal, a la empresa Campoaras, a Francisco Javier López del Espino, a la Archicofradía del Stmo. Sacramento de Lucena y a Juan Luis Cabello Navarro.

Andalucía, a lo largo de su historia, ha forjado una robusta y sólida identidad que le confiere un carácter singular como pueblo, asentado desde épocas milenarias en un ámbito geográfico diferenciado, espacio de encuentro y de diálogo entre civilizaciones diversas. De la Ley Orgánica 2/2007, de 19 de marzo, de reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía.

Se cumplen 40 años de aquella cita crucial, que daría argumento al texto estatutario de cuyo preámbulo he extraído el párrafo que acabo de mencionarles, en la que los andaluces y las andaluzas fuimos llamados a nuestro primer referéndum de autonomía. Nuestra respuesta fue contundente. Queríamos celeridad; votamos sí a la vía del artículo 151.

Justo trece días antes de aquel 28 de febrero, la comisión permanente del Ayuntamiento se hacía eco del escrito de la Consejería del Interior de la Junta de Andalucía, por el que llamaba a todo el pueblo andaluz, ante el reto histórico que suponía el referéndum, a acudir a las urnas y ratificar con su voto afirmativo la iniciativa.

Si echamos la vista atrás, hace cuatro décadas, tal día como hoy, no estaríamos en este lugar y en este espacio. Por aquel entonces, las oficinas municipales se ubicaban en la calle Condesa Carmen Pizarro, varios lustros habían transcurrido desde que se derribara el antiguo edificio municipal, que ya en 1962 presentaba un estado de conservación muy preocupante, amenazando incluso ruina; quedaría en el recuerdo una explanada ocupada por algunas mesas del antiguo bar Bilila, un tanto ajadas, deslustradas, por las inclemencias meteorológicas y la torre del reloj.

Lucena superaba, a comienzos de aquella década, los 30.000 habitantes. El tejido empresarial se consolidaba y surgían nuevas necesidades sociales, sanitarias, educativas y culturales.

Con una expectativa de crecimiento poblacional importante en nuestra ciudad se hacía urgente poner a disposición de otras Administraciones terrenos que posibilitasen la construcción de viviendas. Se acometían, así, las últimas obras necesarias para la inminente entrega de 160 viviendas en la zona que conocemos como barriada de Santa Teresa y San Jorge.

Tema recurrente en la prensa y en las sesiones de los órganos municipales era la precariedad en la asistencia sanitaria. Con las obras en marcha del nuevo ambulatorio del Paseo de Rojas se pretendía paliar uno de los más importantes derechos, el de la sanidad.

Comenzaba una época, que muchos recordamos, de cambios incesantes. Poco a poco el espíritu democrático y autonómico formaba parte de nuestras consciencias. Nuestras vías y espacios principales recuperarían su denominación original; nuestro callejero volvía a coincidir con el sentir popular. Recuperábamos, así, la calle el Peso, la Plaza Nueva, la calle San Pedro o la calle de Los Maristas.

Las inquietudes sociales y culturales de los lucentinos y lucentinas marcaban el inicio de la década de los ochenta, dando muestras del carácter solidario y tolerante que históricamente ha caracterizado a nuestra ciudad. La apertura del Hogar del pensionista, la cesión de terrenos para la construcción de la Comisaría de la Policía Nacional o el inicio de las negociaciones para la adquisición por parte del Ayuntamiento de la casa 36 de la calle San Pedro como futura casa de la Cultura, hoy Palacio de los Condes de Santa Ana, formaban parte de la actualidad municipal.

La tenaz lucha de colectivos locales, se convertía en una demanda generalizada tanto de la ciudadanía como de sus representantes. Un año de reclamaciones, de protestas sociales y de decididas apuestas por salvar nuestro entorno natural, ahora que tanto hablamos de Agenda Local, economía circular o sostenibilidad medioambiental. Para la mayoría de los lucentinos y lucentinas había que detener la actividad de explotación de las canteras de la Sierra de Aras, intentando no acentuar más el daño que se provocaba a dicho monumento natural.

Nacería el decenario gráfico, histórico, artístico local “Gaceta Lucentina”, del que fue director el cronista oficial de Lucena, D. Joaquín Alfredo Abras Santiago. De dicha época data también la Cofradías de la Santa Fe.

Los jóvenes de aquellos años demandaban alternativas educativas; necesitaban formación específica para el tejido industrial local que avanzaba a pasos agigantados. Exigían la puesta en funcionamiento del ya construido Centro de Formación Profesional.

El contexto social, cultural y económico que rodea al referéndum de 1980, presenta a una ciudad en continuo avance que abraza animosamente el progreso y que, imbuida de una mentalidad autonómica, andaluza, acude a las urnas a mostrar su conformidad con el ejercicio del derecho al autogobierno que la Constitución Española reconoce.

Si aquel 28 de Febrero los andaluces y andaluzas, los lucentinos y lucentinas, dijimos alto y claro basta ya a la discriminación y a la dominación, si el pueblo andaluz fue capaz de escribir su propia historia en un momento trascendental, existen motivos de sobra para seguir abanderando esa misma lucha este 28 de febrero, para escribir el futuro de nuestra tierra, para seguir mejorando la vida de los andaluces y andaluzas, de nuestros vecinos y vecinas, garantizando la convivencia y la fortaleza democrática de nuestras instituciones.

Esta demanda de autonomía plena y tal afirmación colectiva impulsarían una profunda transformación económica y social de nuestra comunidad, a la que Lucena no ha permanecido ajena. Andalucía alzó su voz de forma potente y pacífica, para dejar atrás su histórica condena al atraso y la marginación, desde el convencimiento de que el camino de la democracia sería también el camino hacia el bienestar.

El 28 de febrero será siempre una jornada festiva para los andaluces y las andaluzas, en la que sigue vivo el espíritu del 4 de diciembre cuando cerca de dos millones de personas de nuestra Andalucía salieron a las calles para vindicar nuestra Autonomía; una Autonomía que aún hoy, sigue reclamando por nuestros Derechos, desde el entendimiento, en la profundización necesaria de nuestro autogobierno.

Esta fecha representa un hito histórico que permitió la superación de una etapa oscura para avanzar hacia otra de convivencia y progreso, para alcanzar espacios plurales, pero de ciudadanos y ciudadanas iguales en derechos y en oportunidades. Porque nadie pone en duda el proceso de transformación que ha protagonizado esta tierra gracias a sus gentes, de su carácter inclusivo y acogedor, de su búsqueda de la prosperidad y la igualdad, labradas con ese esfuerzo y de la que emana la fuerza para las próximas décadas, asumiendo desafíos y haciendo de los retos oportunidades. Un proyecto común de la ciudadanía de este país, que tiene historia, presente y futuro.

Como decía Blas Infante, padre de la patria andaluza “La bandera andaluza, símbolo de esperanza y de paz, no nos traerá ni la paz ni la esperanza ni la libertad que anhelamos, si cada uno de nosotros no la lleva plenamente izada en su corazón”.

Después de casi cuatro décadas seguimos apostando desde lo local por la riqueza y diversidad de una tierra cargada de fortalezas, por el talento, seguimos reivindicando el papel de la mujer, de los jóvenes, por una Andalucía moderna, eficiente. Representamos el poder de la gente, de lo local, y lo hacemos desde la transparencia y la cercanía.

Hoy en día los gobiernos locales han ganado fuerza y presencia en el escenario social, territorial y político de nuestro país y de nuestra comunidad, creciendo en competencias; tal es así que celebrar el 28 de febrero es celebrar el progreso en el que las Entidades Locales han contribuido también con su cercanía y trabajo diario.

Lo manifestaba hace un año, en este mismo escenario, al afirmar que en estas últimas décadas, la identidad de Andalucía ha evolucionado hacia modelos innovadores, a la industrialización, a la modernización, obligada a una competitividad empresarial y económica en mercados sin fronteras, basada en la excelencia. Así lo ha entendido también esta ciudad de tres culturas, abierta y dinámica. Lucena, apasionada entre sus costumbres y tradiciones, cuenta con un gran dinamismo empresarial que se argumenta en su talante emprendedor, el saber hacer técnico, innovador de sus trabajadores y trabajadoras, de sus empresarios y empresarias y la rapidez con la que asumen los retos y desafíos de los mercados.

Se afirmaba recientemente en una de las Comisiones de trabajo de la FAMP, la necesidad de abordar asignaturas pendientes para los próximos años, una financiación justa, el despoblamiento, la gestión de recursos, la economía circular o los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030. Lucha contra el cambio climático o la regresión demográfica que necesita de actores claves en el territorio para dar voz a nuestra tierra. Aspiramos, pues, a crear municipios, ciudades, habitables, ciudades verdes y con capacidad de diálogo.

Nos comprometimos aquel 28 de febrero y seguimos fieles a un vínculo que siempre nos ha unido a nuestra tierra, a nuestro trabajo, a nuestro día a día. A nuestros hijos y padres, a nuestro pasado y a nuestro futuro. A nuestras raíces profundas, a nosotros mismos.

Sigamos construyendo Andalucía de la que todos y todas podemos sentirnos orgullosos y orgullosas, podemos sentirnos partícipes y valedores; un proyecto común que hace grande esta hermosa tierra verde, blanca y verde.

¡Feliz Día de Andalucía, por España y la Humanidad!

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